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Taquipsiquia

19 Apr

Reportando de la Wikipedia (tras contrastar otras fuentes), se puede decir que la taquipsiquia se define como:

[…] la aceleración patológica de la actividad psíquica que se presenta en algunas enfermedades mentales y trastornos psíquicos, particularmente en aquellos que cursan con episodios de crisis delirantes como la psicosis y la manía. […]

[…] A la aceleración del pensamiento que es el trastorno cuantitativo de su velocidad y que puede manifestarse con o sin verborrea, se agrega en la taquipsiquia una aceleración más generalizada de la actividad psíquica en su conjunto. En su grado máximo y extremo llega a la fuga de ideas. […]

Todavía sigo investigando este concepto, accidentalmente lo descubrí cuando mi nuevo psquiatra (llamémosle “Mr. A), nombró la palabra mientras rellenaba unas recetas y prescripciones. De momento he leído poco sobre la taquipsiquia y la fuga de ideas en unos términos más clínicos y científicos; sin embargo me suceden dos cosas al mismo tiempo, por una parte, en alguno de los rasgos de esta ”aceleración patológica” me siento muy identificado, por otra, muchos interrogantes me asaltan. Por ejemplo, ¿existen determinados desencadenantes de esta conducta? ¿Hay algún contexto más vulnerable que otro? Por ejemplo, ¿antes de ir a dormir? ¿Pueden ser claros signos precursores de una manía, como el insomnio? ¿Se puede en modo alguno desalentar la estimulación natural que propicie la taquipsquia?

 

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A tientas con la quetiapina

15 Apr

Mi nuevo psiquiatra ha optado por subir 200 mgs más el litio (ya voy por los 1.400 mgs), pues la litemia ha venido a confirmar sus sospechas iniciales y quiere estabilizarme entre 0,9 y 1,1 mmol/L; su segunda decisión ha sido administrame Seroquel de liberación prolongada, un comprimido al día (por la noche) de 50 mgs.

El Seroquel es un nombre comercial para la quetiapina. Al parecer, es un medicamento de la familia de los considerados antipsicóticos atípicos, utilizado en el tratamiento de la esquizofrenia y de los episodios maníacos y depresivos severos del trastorno bipolar. A dosis bajas tiene un efecto sedante y, por lo que he podido investigar, tiene ciertas ventajas respecto a las benzodiacepinas, ya que la quetiapina puede llegar a ser un buen refuerzo para los estabilizadores del ánimo, no es adictiva ni desarrolla tolerancia, ni tampoco crea una dependencia física y psíquica como con las benzodiacepinas, las cuales a veces obligan al paciente a incrementar la dosis para igualar el efecto.

Esta noche va a a ser mi segunda con el Seroquel, y esta vez voy a desechar el Lorazepam y el Diazepan, pues su toma combinada anoche, ha dado como un resultado un día con una somnolencia terrible, con grandes problemas de funcionalidad, lentitud de movimiento y en el habla, mareos y cefaleas.

Esta noche solo Seroquel. Las benzos en la mesita “por si acaso”.

Y mañana será otro día.

Editado (16 abril):

Al final, he tenido que tomarme 7,5 mgs de Lorazepam y 5 mgs de Diazepan. No podía dormirme.

Editado (18 abril):

El Seroquel se ha acoplado muy bien la noche anterior, tan sólo he tenido que agregar 2,5 mgs de Lorazepam (media pastilla). Parece que el proceso de sustitución va por buen camino.

Editado (19 abril):

La noche anterior no fue tan bien: Seroquel más 15 mgs de Lorazepam. Mal despertar y mañana perdida. Durante la noche, demasiados pensamientos fugaces (taquipsiquia) y mucha agitación. Se retrasó mucho el momento de la conciliación del sueño. Estuve activo, viendo peliculas y escuchando música. Creo que no fue el mejor comportamiento para facilitarle el contexto al sueño.

Tendré que esperar

10 Apr

Probé la melatonina durante tres noches, y sólo me funcionó la primera, y aunque me desperté bien pronto —sobre las cinco y cuarto de la noche— constaté que es un medicamento que te da muy buen despertar. Por su parte, las otras dos noches no funcionó, y me desvelé. Las mañanas siguientes tuve unas cortas pero intensas crisis maníacas, con una gran carga energética y un gran nerviosismo. Al transcurrir el día sufrí algunas oscilaciones a la baja, en las que de repente me ponía a llorar y me invadía una gran tristeza.

En definitiva, a pesar de hacerlo con toda la buena intención del mundo, creo que me he equivocado al modificar una pauta medicamentosa (que a pesar de los efectos secundarios ya funcionaba), mas aún cuando lo he hecho por iniciativa propia y sin consultar a ningún especialista. También creo que no es el mejor momento para intentar un cambio de medicación, sobre todo cuando ya llevo uno en marcha.

Debo elegir un momento más propicio.

 

El Lorazepam es una droga

3 Apr

Lorazepam o llámalo como quieras: Abinol, Amparax, Aplacasse, Ativan, Calmatron, Donix, Emotival, Idalprem, Kalmalin, Lorazepan, Microzepam, Nervistop L, Placinoral, Orfidal, Sedatival, Sedicepan, Sidenar, Sinestron, Trapax, Tratenamin.

Lorazepam o llámalo como quieras: droga. Lotes, cajas, blísteres, unidades, en varios formatos y gramajes. Pero en definitiva droga. Tiene un poder ansiolítico, sedante, relajante muscular que durante mucho tiempo me ha sometido en las noches en las que el desvelo me amenazaba. Y me siento agradecido a la ciencia por esta dádiva sintética, que ha regularizado mi sueño y, por tanto, mejorado mi calidad de vida.

Sin embargo hoy en la farmacia —mi camello legal—, me he dado cuenta de una cosa. En una mano tenía amontonadas dos cajitas, lo cual quiere decir que una sí estaba prescrita por receta y la otra fue comprada. Raro. Algo raro y peligroso. Haciendo un rápido repaso mental he estado ingiriendo de 1 a 4 pastillas por noche (a 5 mg la pastilla, eso significa un máximo de 20 mgs), más aparte 5 mgs de Diazepan para acabar de rematarme como un tronco. Hace tiempo que no me registro la medicación. Pero a partir de mañana voy a barrer las últimas dos semanas, y comprobar cuantas pastillas sedantes he ingerido realmente, y valorar si he llegado a algún punto de dependencia física o mental, pues me preocuparía si fuese el caso.

He oído que la melatonina es un inductor natural del sueño, más seguro y no adictivo. Debo consultar a mi psycho, quizás sea mi futuro.

 

Mis tres últimos meses

25 Mar

Mis tres últimos meses han sido toda una aventura circense. No terminaba una atracción cuando en la siguiente montaba ya mi nuevo viaje. Ya debí percatarme tiempo atrás, hace ya cerca de un año, el mayo pasado, en el que sufrí una hipomanía bastante intensa, después de un largo período de eutímia. Tras dicho episodio, aproximadamente de tres semanas de duración, sufrí unas 5 ó 6 hipomanías de relativa consideración, lo que pienso que hace alejarme bastante de los rasgos de mi diagnóstico primigenio, el trastorno bipolar tipo II, almenos en su definición más pura, y quizá se especifique más en un trastorno de ciclos más rápidos, con episodios hipomaníacos más frecuentes e intensos y con una sintomatología depresiva patente y muy acusada después de cada episodio antes mencionado.

En los meses de enero, febrero y marzo, las oscilaciones comenzaron a virar a una velocidad bastante más preocupante, produciéndose virajes de carácter ultrarápido dentro del mismo día. Así, me enfrentaba a una situación totalmente diferente y bastante difícil de contrarrestar pues el comportamiento de la enfermedad se estaba tornando bastante imprevisible y errático, como he nombrado con especifidades de ciclado rápido.

Además también creo que mi tratatamiento en mis últimos 10 meses no ha sido bien adaptado a las circunstancias de cada momento, en el que un exceso de precaución en la toma de decisionas ha terminado por negligir los plazos normales de intervención en mi tratamiento farmacológico. Aunque en palabras de mi propia psiquiatra, sólo la experimentación con una evolución constatada y positiva, es la única capaz de introducir cambios en la medicación de calado, consolidando un nuevo tratamiento a pesar de asumir riesgos; yo creo que fue su falta de atención a las advertencias que yo, como paciente, le transmitía siempre antes del acontecimiento de algún episodio hipomaníaco o maníaco, la razón que irremediablemente no permitió prevenir y quizás evitar muchos de esos episodios.

Otro problema bastante común es que el médico no puede tratar al paciente desde una visión global, porque generalmente son diferentes los médicos que tratan al paciente en sus diferentes fases, por ejemplo, un psiquiatra de urgencia se enfrenta a mi crisis, mientras otro psiquiatra es el que hace el seguimiento cuando generalmente aparento estar eutímico. Además, los psiquiatras de guardia muchas veces tienen muchas limitaciones, por tanto, sus posibilidades de intervención, no van más allá de tranquilizar al paciente con ansiolíticos, un claro ejemplo de paliativo temporal, o bien un ingreso, que paradójicamente resulta, según ellos mismos, muy contraproducente para pacientes que no estén realmente graves, con síntomas psicóticos, paranoides o declaradamente esquizofrénicos. ¿Entonces qué? El psiquiatra de guardia simplemente se limita a reproducir en un informe la situación, delegando en el psiquiatra de seguimiento de nuevo la responsabilidad de tomar decisiones de peso, a las cuales llegada la consulta se añadirán todas las reticencias posibles, pues no querrá arriesgarse demasiado en los cambios de medicación. Observo cierta dejadez en el trato dado, sobre todo en pruebas diagnósticas (litemias) en las que mi doctora deliberadamente ha ignorado la necesidad de repetirlas o simplemente no me ha comunicado el hecho de que los niveles de litio resultaban inapreciables. Curiosamente, ahora ha optado por subir 200 mgs la dosis, motivada por los resultados de una litemia realizada en urgencias y que arrojaba una cantidad por debajo del rango. En otras palabras, ello lleva a pensar que este tipo de decisión ya podría haberse tomado mucho antes, ya que la justificación sigue siendo la misma, pero en ningún otro momento de riesgo declarado se atrevió a modificar el tratamiento principal. La otra opción que ella misma nombró en la penúltima consulta, en la cual le advertí del peligro de manía que se me avecinaba, fue la de reforzar el tratamiento de litio con Dekapine (o ácido valproico), decisión que obviamente no se ha tomado.

Sé que tendré más tiempo para relatar la experiencia de estos últimos tres meses. De momento sólo me he adentrado en los dimes y diretes de mi relación con los psiquiatras y la inexactitud de mi tratamiento. A pesar de todo ello, no puedo terminar sin nombrar que he retomado el control de la situación y mi salud mental ya no se encuentra en márgenes de riesgo peligrosos. Como ya dije en una anterior entrada, ahora mi reto es el de ajustar mi medicación a mi nuevo perfil como enfermo, reforzarme con indicaciones psicoterapéuticas y acudir a un psiquiatra especialista en trastorno bipolar que apueste por ofrecer mayores garantías de cobertura de mi salud mental, aunque con ello se tengan que asumir riesgos en los cambios de mi medicación. (A este último respecto dejo un link interesante sobre tratamiento farmacológico para cicladores rápidos).

 

La verdadera recuperación

13 Jan

Elijo tomar unas pastillas y otras no. Elijo tomar las pastillas buenas y no malas. Elijo las buenas porque son las que exigen constancia y regularidad, las que sólo ofrecen resultados a largo plazo y que necesitan de un gran esfuerzo de adaptación por parte del enfermo. No elijo las pastillas malas pues son para aquellos que necesitan una ayuda que suena desesperada, pero también para los torpes y negligentes, como yo. Elijo tomar litio y prescindir del lorazepam para dormir. Elijo esforzarme en cambiar mi vida para no tener que necesitar más lorazepam. Elijo hacer caso a mi psiquiatra y no automedicarme tanto. Elijo no suspender tampoco la medicación por mi capricho. Elijo mantener el antipsicótico aunque sea en una dosis mínima. Elijo dormir de forma natural. Elijo vivir responsablemente. Elijo vivir y disfrutar. Elijo disfrutar y no sufrir.

Elijo. Ahora puedo eligir.

 

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