La quetiapina funciona

25 Apr

Si escribiera un diario sobre mi trastorno, tal cual fuera mi historial clínico, lo intentaría hacer con el mismo escrutinio metódico que el de un médico, pero por desgracia —y gusto a la vez— sólo puedo construir un relato con muchos aderezos sentimentales. Mis observaciones, por muy objetivas que pretendan ser, conforman una narración lacrimógena de mi realidad, sólo me arrimo al conocimiento de la enfermedad a través de mi vivencia y los pocos libros que he leído. Sin embargo, creo firmemente en el valor terapéutico de ofrecer mi punto de vista sobre ciertos hechos que, aunque debieran ser verificados por un profesional, no deslegitiman para nada mis propósitos literarios. Aunque sólo sea por ese halo de subjetividad con el que contamino todo lo que narro, vale la pena continuar escribiendo.

Empecé con la quetiapina de cincuenta miligramos de liberación prolongada hace ya veinte días, un plazo que considero suficiente como para notar su efectividad. El objetivo primordial de la prescripción era doble: en primer lugar, reforzar el efecto estabilizador del litio y ayudar a normalizarme en un término más largo, y así prevenir la ciclación rápida y los episodios mixtos que reportaba de febrero y marzo; en segundo lugar, tratar de aprovechar el efecto sedante de la quetiapina y sustituir paulatinamente las benzodiacepinas de las que tanto solía abusar.

Durante los primeros cinco días, no conseguí dormir adecuadamente, ya que por mandato, tomaba la quetiapina al ir a la cama, obligado a rebajar la dosis del sedante habitual. A las pocas horas, tras un período de desvelo y cierta inquietud, no me quedaba más opción que hacer la ingesta complementaria de benzos, e incluso en ocasiones recurría a aumentar la dosis para potenciar un efecto más rápido.

A veces la vida sólo es cuestión de matices. Un día opté por adelantar la toma de la quetiapina, hasta las siete u ocho de la tarde. De tal manera, el efecto sedativo empezaba a notarse alrededor de las once de la noche. Ello, junto a la placidez y el ligero descanso activo que me dedico después de cenar, me ayudan a afianzar la efectividad del medicamento, acompañado solamente de una o media pastilla de Lorazepam. Mi descanso nocturno está siendo muy completo y natural, dentro de mis posibilidades e imperativos farmacológicas.

En cuanto al primero de sus objetivos, el de aplacar las tendencias maníacas, noto esta vez un efecto inédito en todos los antipsicóticos que haya probado antes. Siento como me “contiene” pero sin bajar mi ánimo demasiado, sin destruir mis facultades para crear o emprender. El hecho de haber ralentizado la taquipsiquia, ha logrado un revulsivo mayor aún: mi pensamiento acelerado y fugaz se modera y, paradójicamente, me libera del tráfico que saturaba mi razonamiento. Es decir, puedo hacer más cosas y de mejor calidad porque he enfocado mis pensamientos de una manera más eficiente, sin obstaculizarme a mí mismo ni solapar pensamientos constantemente invasivos.

 

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One Response to “La quetiapina funciona”

  1. ra sal August 18, 2014 at 3:30 pm #

    En pura depresión… reconozco q es lo q mas me ayuda y lo q mas tiempo m ha mantenido estable… y en cuanto salga de esta
    .. pienso normalizar mis hábitos .. aun mas… y q no se m olviddeee

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