El camino y sus finales

14 Apr

Los caminos se acortan, sobre todo cuando son de vuelta, hace mucho que dejé de rebuscar entre el baúl de los libros escritos con mis recuerdos. Es un baúl fuerte, algo envejecido pero resistente, hecho de madera y con los remates de cuero marrón y remaches dorados. Mi curiosidad de gato ya hacía hundir mi cabeza entre los papeles, mis codos ya no soportaban tanta tensión y mis pies empezaron a despegar del suelo. Traté de mantener el equilibrio, aunque sostenerme era bastante difícil para mis prietas manos, mis dedos se hinchaban enrojecidos.

Finalmente caí como Alicia en el País de las Maravillas. Los libros se habían convertido en alcatraces blancos, y con postura de caza, descendían como misíles alrededor, en su vuelo, soltaban páginas manuscritas de sus colas. A veces el tiempo parecía detenerse y conseguía leer algunas palabras. Aquel túnel no tenía fin. Caía de cabeza y los colores de las paredes se saturaban de una forma grotesca, como en la escena final la obra maestra de Stanley Kubrick, un viaje psicotrópico, una irrealidad inventada pero perfecta.

 

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