Mis tres últimos meses

25 Mar

Mis tres últimos meses han sido toda una aventura circense. No terminaba una atracción cuando en la siguiente montaba ya mi nuevo viaje. Ya debí percatarme tiempo atrás, hace ya cerca de un año, el mayo pasado, en el que sufrí una hipomanía bastante intensa, después de un largo período de eutímia. Tras dicho episodio, aproximadamente de tres semanas de duración, sufrí unas 5 ó 6 hipomanías de relativa consideración, lo que pienso que hace alejarme bastante de los rasgos de mi diagnóstico primigenio, el trastorno bipolar tipo II, almenos en su definición más pura, y quizá se especifique más en un trastorno de ciclos más rápidos, con episodios hipomaníacos más frecuentes e intensos y con una sintomatología depresiva patente y muy acusada después de cada episodio antes mencionado.

En los meses de enero, febrero y marzo, las oscilaciones comenzaron a virar a una velocidad bastante más preocupante, produciéndose virajes de carácter ultrarápido dentro del mismo día. Así, me enfrentaba a una situación totalmente diferente y bastante difícil de contrarrestar pues el comportamiento de la enfermedad se estaba tornando bastante imprevisible y errático, como he nombrado con especifidades de ciclado rápido.

Además también creo que mi tratatamiento en mis últimos 10 meses no ha sido bien adaptado a las circunstancias de cada momento, en el que un exceso de precaución en la toma de decisionas ha terminado por negligir los plazos normales de intervención en mi tratamiento farmacológico. Aunque en palabras de mi propia psiquiatra, sólo la experimentación con una evolución constatada y positiva, es la única capaz de introducir cambios en la medicación de calado, consolidando un nuevo tratamiento a pesar de asumir riesgos; yo creo que fue su falta de atención a las advertencias que yo, como paciente, le transmitía siempre antes del acontecimiento de algún episodio hipomaníaco o maníaco, la razón que irremediablemente no permitió prevenir y quizás evitar muchos de esos episodios.

Otro problema bastante común es que el médico no puede tratar al paciente desde una visión global, porque generalmente son diferentes los médicos que tratan al paciente en sus diferentes fases, por ejemplo, un psiquiatra de urgencia se enfrenta a mi crisis, mientras otro psiquiatra es el que hace el seguimiento cuando generalmente aparento estar eutímico. Además, los psiquiatras de guardia muchas veces tienen muchas limitaciones, por tanto, sus posibilidades de intervención, no van más allá de tranquilizar al paciente con ansiolíticos, un claro ejemplo de paliativo temporal, o bien un ingreso, que paradójicamente resulta, según ellos mismos, muy contraproducente para pacientes que no estén realmente graves, con síntomas psicóticos, paranoides o declaradamente esquizofrénicos. ¿Entonces qué? El psiquiatra de guardia simplemente se limita a reproducir en un informe la situación, delegando en el psiquiatra de seguimiento de nuevo la responsabilidad de tomar decisiones de peso, a las cuales llegada la consulta se añadirán todas las reticencias posibles, pues no querrá arriesgarse demasiado en los cambios de medicación. Observo cierta dejadez en el trato dado, sobre todo en pruebas diagnósticas (litemias) en las que mi doctora deliberadamente ha ignorado la necesidad de repetirlas o simplemente no me ha comunicado el hecho de que los niveles de litio resultaban inapreciables. Curiosamente, ahora ha optado por subir 200 mgs la dosis, motivada por los resultados de una litemia realizada en urgencias y que arrojaba una cantidad por debajo del rango. En otras palabras, ello lleva a pensar que este tipo de decisión ya podría haberse tomado mucho antes, ya que la justificación sigue siendo la misma, pero en ningún otro momento de riesgo declarado se atrevió a modificar el tratamiento principal. La otra opción que ella misma nombró en la penúltima consulta, en la cual le advertí del peligro de manía que se me avecinaba, fue la de reforzar el tratamiento de litio con Dekapine (o ácido valproico), decisión que obviamente no se ha tomado.

Sé que tendré más tiempo para relatar la experiencia de estos últimos tres meses. De momento sólo me he adentrado en los dimes y diretes de mi relación con los psiquiatras y la inexactitud de mi tratamiento. A pesar de todo ello, no puedo terminar sin nombrar que he retomado el control de la situación y mi salud mental ya no se encuentra en márgenes de riesgo peligrosos. Como ya dije en una anterior entrada, ahora mi reto es el de ajustar mi medicación a mi nuevo perfil como enfermo, reforzarme con indicaciones psicoterapéuticas y acudir a un psiquiatra especialista en trastorno bipolar que apueste por ofrecer mayores garantías de cobertura de mi salud mental, aunque con ello se tengan que asumir riesgos en los cambios de mi medicación. (A este último respecto dejo un link interesante sobre tratamiento farmacológico para cicladores rápidos).

 

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