A tientas con la Risperidona

10 Jan

Al pasar el tiempo me doy cuenta de la forma en la que azota mi enfermedad, en la que cada día es en un pequeño reto personal, sobre todo en las fases depresivas. Hasta hace poco he ido superando todos los obstáculos, salvando algún que otro leve traspiés, y tras andar camino durante una temporada bien alejado de la depresión, he podido alcanzar una envidiable cota de bienestar. Sin embargo, la alegría que cada día renovaba se ha tornado un poco gris y aburrida. Me he expuesto a un período de recuperación en un espectro de ánimo saludable y muy satisfactorio, siempre por encima de esa neutra y sosa línea divisoria entre mi mitad maníaca y su antágona depresiva. Y eso está bien, pero que muy bien. Pero la realización máxima de mi recuperación también tiene un límite. Los días empiezan por encerrarse en sí mismos, me muevo en cierto limbo que no llego a comprender.

Intentar explicar mi situación se hace un poco difícil para el que no tenga un poco de conocimiento experto sobre el trastorno bipolar —en lo sucesivo TAB— o bien si no se comparte la vivencia con otros enfermos, o sea desde la visión de cuidadores y familiares. En cualquier caso, es una enfermedad larga y duradera, que obliga a uno a aprender de los envites de sus mutaciones, a saber adaptarse al recipiente en cada una de sus fases, sabiendo que a pesar de enfrentarse siempre a las mismas piedras, los tropiezos son también únicos e irrepetibles.

Ahora floto en una zona de inflexión, ya es la segunda vez que me tratan con antipsicóticos. Me han ido reduciendo la dosis en el lapso de un mes aproximadamente: empecé con 3 miligramos de Risperdal los dos primeros días, después de mi última crisis maníaca —y ansiedad—, hasta que he ido tomándome 1,5 y finalmente los 0,5 que yo mismo sugerí, pero siempre bajo prescripción médica. Es la primera vez que mi condición ha exigido un tratamiento tan fuerte con este tipo de medicación, aunque no me puedo quejar de los resultados. Mi celeridad, nerviosismo y agitación se han neutralizado totalmente, así como mis problemas para dormir y mi recurrencia excesiva a las benzodiacepinas. Por otra parte, no soy tan eficiente ni mi rendimiento es tan alto, especialmente por las mañanas. Desde hace ya tres días presento cierto desánimo que, aunque no me agrada, no me impide ser funcional en mis quehaceres básicos. Así pues, experimento bastante desinterés en levantarme tan pronto como era habitual y me presto poco a activarme durante la mañana; sólo es hasta la tarde cuando puedo dedicar tiempo a realizar ejercicio físico. Pero afortunadamente he podido identificar estos cambios en sólo tres días, lo que me permite reaccionar pronto y redirigir mi conducta de la manera más adecuada posible y, sobre todo, no atribuírmelos a mi actitud de una forma demasiado culpable.

Por todo lo anterior, creo necesario continuar con la dosis actual, ya que me preocupa abandonar la dosis mínima pues me podría traer consecuencias no deseadas. Prefiero mantener la ingesta prescrita y asumir los inconvenientes que he descrito, que no arriesgarme a vivir una potencial situación de manía y desatarme durante las noches. Por encima de todo, lo que más me anima a continuar medicado es haber solucionado mis problemas de insomnio y mi exacerbada animosidad nocturna. Manejarse con estos problemas es, a cualquier plazo, más difícil que vivir con un estado de ánimo de perfil más bajo, si bien a largo término, la depresión tampoco es deseable. Pero por el momento voy a seguir así, con la medicación mínima e intentando esforzarme cada día un poquito para paliar un poco esta “pereza mañanera” y así no sentirme tan inactivo. Además, también compruebo como las fases de perfil deprimido no son tan malas, añaden un punto de vista más sosegado y, por qué no decirlo, también enriquecedor, pues son períodos más calmados que permiten vivir la vida con más tranquilidad. En palabras de una gran amiga mía: “No te preocupes, acabas de bajar”.

 

Dedicado a María por ser un gran apoyo y mejor persona. Y también por aguantarme, no sabe ella lo que me ahorra en psicólogos.

 

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