Siempre me dirijo a lugares imposibles

6 Jan

El azar siempre me es favorable en primer término, pero nunca logro mantener la alegría inicial. Mis relaciones sentimentales —también puedo incluir las que puramente son meros encuentros sexuales—, siempre han sido difíciles de definir. Lo único cierto y común es que nunca ha habido amor verdadero, ninguna mujer me ha entregado su corazón jamás.

Sin embargo, no puedo decir que esté desnutrido de experiencias. He estado con muchas, sobre todo desde que dejé atrás los peores años de la depresión. Sin duda, considero que he pasado por una fase de gran éxito en lo sentimental y sexual, intermitentemente avivada por las puntuales manías acontecidas.

A pesar de un balance en general más que positivo, uno no puede quedarse con todo, y eso es algo que he aprendido, pero que en la práctica me cuesta mucho aceptar. Me cuesta aceptar que ciertas cosas en la vida llegan a su fin, que a algunas compañeras especiales de mi vida no las volveré a ver, intentar lo contrario sería luchar contra unas circunstancias demasiado difíciles de salvar, por eso digo que a veces me dirijo a lugares imposibles. Son aquellos lugares donde la fantasía perpetúa mis deseos, donde me veo rodeado por los brazos de esa chica que tanto añoro, donde no existe nada que rompa esa armonía tan celestial; es un mundo aterciopelado, sin problemas, sin relojes que dejen pasar el tiempo, sin obligaciones mundanas ni materialistas, solos ella y yo.

Ese mundo no existe, o almenos es casi imposible, tanto como una ascensión por una pared vertical, únicamente ayudado con la fuerza de las yemas, pero sin ninguna cuerda de seguridad. Trato casi siempre de buscar una situación en la que me encuentre cerca del foco que generó en mí aquella felicidad inicial tan grande. Sin embargo, incluso conservando el bosque, hasta la más bonita de las flores se puede marchitar. En realidad persigo esa sensación de bienestar, y no a una chica en particular; por mucho que valga la pena, todo lo demás es un mero aderezo. No se puede tener todo en esta vida.

Resulta curioso observar como en estos tres últimos años, los de mi recuperación, concurren diversas circunstancias:

  • Me he alejado muchísimo de la sintomatología de la depresión, casi hasta constatar (según registros) que ya ha desaparecido de mi cuadro.
  • No puedo sugerir que mi estado de ánimo se haya neutralizado. Mi perfil como enfermo ha cambiado totalmente. He pasado de ser una persona mayormente deprimida a tener una tendencia más proclive a experimentar episodios maníacos.
  • Siento que me guío y actúo más por lo emocional y no tanto por la racional, como sí hacía en mis depresiones. En definitiva, me dejo someter con mayor facilidad a las sensaciones (alegría, tristeza, felicidad, gozo, amor, etc).
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