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30 Oct

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Estoy remontando el vuelo, casi como un avión que evita un aterrizaje forzoso, mojando levemente su tren con los charcos de una pista maltrecha. Poco a poco, aumenta la distancia que va quedando entre mí y la más gris de mis versiones. Ya no hay mañanas sin luz, a pesar del mal tiempo, y las noches dejan paso a bostezos agradecidos mediante un ejercicio puntual; estirando los brazos en señal de agradecimiento, y sin cafés ni estimulantes, no sustituyo por nada la energía con la que resurjo tras un nuevo alba.

Mi verdadero reto, sin embargo, está en saber mantener el vilo, en elegir bien la velocidad de crucero. La objetividad en la toma de decisiones, siempre se nubla cuando se despega, y es muy fácil doblegar al renovar cierta pasión por la vida. Reviso mis registros: mi estado de ánimo muestra una tendencia creciente. Observo mis anotaciones, que poco a poco me van dibujando dentro de los márgenes de una leve manía, aunque de momento y afortunadamente, no me pone la zancadilla en lo cotidiano.

Por suerte, el redescubrimiento de la lectura y el recurso de escribir para canalizar esta comezón, marginan bastante los riesgos de hacer alguna algarabía. Aún así, son cada vez mayores las ganas de ceder ante grietas que van surgiendo en una mente que se va fundiendo, convirtiendo en dúctil lo férreo, para al final estirarse y querer prolongar mi estática euforia en un orgasmo más material. Estoy pensando que quizás un poco de intoxicación “terrenal” no me vendría mal. Cuando pienso en la higiene que exige mi forma de vivir, siempre acabo envidiando la normalidad que creo pertenece a otros. Tengo ganas de salir, de correr más, de saciar un creciente apetito, de que me duela el cuerpo, de oler otro cuerpo, de una sinrazón que me haga caer exhausto.

Con un solo rayo de sol, mis poros se abren como una incipiente primavera, una posible explosión de colores que tal vez finalice en un sangriento estornudo. Por eso quiero podar la flor, y llevarme toda la rama del árbol, no vaya a ser que la flor se marchite y me tenga que conformar con el palo.

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