Depresión y TOC: Retrato personal

22 Oct

6:55. El sol languidece a cada paso que doy. A pesar de su altura, el dia no parece presentarse más optimista que ayer. Soy un iluso al pensar que con sus rayos me pueda hipervitaminar esa desgana vital que tanto sufro. Sólo la rutina es la que me obliga a fingir. Una vida así es como soportar una falsa fachada, que sólo aguanta gracias a cuñas y andiamajes, pero que en cualquier momento se derrumbará hacia delante, como el decorado de un mal western de sobremesa.

6:57. «Un buen día siempre es el que va de menos a más». Eso me repito cada mañana. Y ya van tres años. Apenas llevo unos pasos recorridos, y mi vacío se acrecenta cuanto más me alejo del portal. Todavía faltan 10 minutos hasta la estación. Soy una presa fácil del estrés, en términos clínicos: sufro una ansiedad con la que cada día galopo el amanecer. Metro y universidad se combinan en el mismo maquinal proceso, de lunes a viernes. Además, mi pequeña cárcel se comprime con cada nuevo capricho de la depresión y, con el tiempo, las pequeñas novedades que trajo mi paso a la facultad, han diluído ya sus efectos. Mis noches se intercalan, contando las horas que se convierten en una muerte diaria, un mínimo reposo con el que no acabar de enloquecer. Algunas noches ni siquiera alcanzo la fase REM. Me despierto siempre en un sepulcro; un altar a la intemperie, alfombrado por el otoño deshojado de una felicidad yerma y talada que envuelve mi cama. Llevo varios meses triste, con un velo gris que me cubre los ojos, oscureciendo los cortes de un argumento que intento vivir.

7:02. Completo el primer kilómetro con un gélido escalofrío de pies a cabeza. Da igual que el sol apriete con su descarado aporte de vitamina E. El tren aguarda, con su incomodidad viejuna. El reloj, sin embargo, avisa de su implacable puntualidad y las calles siguen sucediendo.

pi-darren-aronofsky-sean-gullatte-sci-fi-film-head1

7:03. El primer fantasma aparece. Apenas un giro por completar, una calle sin nombre en el que dejo atrás un escaparate. Mi propia imagen atenuada por la transparencia de un cristal se apodera de mí. Tras una décima de segundo el reflejo del expositor ya no me alcanza. Intento pensar en esa famosa franquicia de electrodomésticos, que en primer plano hace gala de sus teles de plasma con cada nueva temporada. Pero no, ninguna estrategia evita que mi aparición penetre. Como una errante figura de arena me envuelve, recorre cada espacio que existe entre mis cabellos como pequeños cristales de roca. Con la sensación de un atrayente hormigueo, me rasco con vehemencia la cabeza. Las obsesiones y esa forma compulsiva de responderlas, aparecen, no hay vuelta atrás. He perdido el primer enfrentamiento con un espejo, y no será el primero. Lo sé porque soy un fiel visitante de cuartos de baño y retretes públicos: me escondo para rascarme la cabeza. Lo hago con fuerza y la convicción suficiente de que cumplo algún propósito desconocido. Me abordan sin parar los reflejos en un círculo vicioso infernal: la luna de un coche o una marquesina de anuncio. Me investigo la cabeza, peino cada rincón hasta crear una calva. Me puedo rascar parado o sobre la marcha. Dura lo que un frenesí: hasta saciarse. Puedo seguir mi camino hasta el tren, con un ansia viva y salvaje, y es que determinadas partes de mi cerebro —no sé cuáles— se enchufan incorrectamente. Al tiempo que oteo la estación, el bullicio y ruido aviva el picor, una locura bautizada con una abreviatura perversa: TOC (Trastorno Obsesivo Compulsivo).

7:07. Me detengo antes de llegar al andén y ser visto, con el pudor de quien sabe esconder sus rarezas en lugares y momentos incómodos. Aquél era uno de aquellos momentos. Dirigí intencionalmente la mano hasta meterla en mi bolsillo. En otro movimiento premeditado, la saqué y, como si desprendiera una energía propia y oculta, observé su temblor. Mi mano parecía impaciente, deseosa de iniciar un nuevo bucle autodestructivo. Finalmente, la pude doblegar frotándola contra mi otra mano. Tras dedicarme un momento de calma, mis dedos recobraron una tensión normal y pude hacer pie hasta el andén.

7:12. Validé mi billete y recobré la compostura suficiente para no echar a perder lo que quedaba del día.

7:14. Salida inminente.

 

Advertisements

One Response to “Depresión y TOC: Retrato personal”

Trackbacks/Pingbacks

  1. Hoy no me visto de payaso | Isla Bipolar - April 18, 2014

    […] noches consecutivas sin dormir. Sin duda era una sensación rara, que me acercaba al deseo de taladrarse el cerebro yo […]

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s

%d bloggers like this: