Pastilla ayuda

19 Oct

20131019-055709.jpg

La semana pasada tropecé con cierta visión: en el escaparate de un comercio cercano había colgado un cartel en el que se leía «Se necesita ayuda. Aprende a escucharte a ti y a los demás». Luego, leyendo con más detenimiento, me percaté que era una especie más de las miles de ofertas de cursillos y seminarios de autoayuda, avalados por gurús, asociaciones alternativas u otras pseudociencias.

Tras iniciar mi marcha de nuevo, el lema que titulaba el anuncio estuvo resonando largo rato en mi cabeza, y empecé a pensar. Me hizo reflexionar sobre la importancia de buscar ayuda adecuada, y fue inevitable relacionarlo con mi trastorno. También medité sobre el valor de compartir con otros la experiencia propia de la enfermedad. Ser capaz de contar tu vivencia y exponerte al juicio de terceros revela, en primer lugar, una gran fuerza y convicción por parte del enfermo, y exige depositar una gran confianza en otras personas.

Uno no se da cuenta de ello, pero cuando se dedica un tiempo, por mínimo que sea, a compartir con otros por todo aquello que has pasado, lo que realmente hace no es un simple triste relato de anécdotas, sino ayudarse a sí mismo. Aun así, la experiencia me dice que una exposición pública total de mi enfermedad no es nada aconsejable. El mejor término, va dirigido a aquellas personas que formen parte de un circulo íntimo de confianza, con una sensibilidad suficiente para entender las vicisitudes pasadas y, sobre todo, que estén prestas a oírnos. Siempre hay algo de incalculable en el valor de aquellas personas que saben escucharte.

Con mayor frecuencia en las temporadas de depresión, las “confesiones” con el prójimo, ayudan a alcanzar a ver, incluso para el que escucha, que no hay nadie en este mundo que no necesite ayuda en algún momento, aunque sea simplente hablando. Yo, como enfermo, he llegado a emocionar y sensibilizar a muchas personas cuando les contaba mi situación, pero no porque me mostraran consuelo con una voluntariosa empatía, pena o compasión, cosa que agradezco. Todo lo contrario, yo les he visto derramar lágrimas aún más profundas que las mías ya que, de lo que en realidad se daban cuenta, es de que ellos también son —a su manera— personas afligidas, heridas. Sin embargo, el mero hecho de encontrarme derrumbado, y exponerme ante ellos con un evidente abatimiento, les supuso una oportunidad única para confesarse ellos mismos, alcanzando unas cotas de entendimiento mutuo mucho más allá de los pretextos iniciales que motivaron el hecho inicial de relatar mis “pequeños grandes problemas” a un amigo. Sin duda, existe una grandísima carga terapéutica en abrirse a los demás y dejar que éstos se abran contigo a su vez.

Conforme mi enfermedad ha ido desarrollándose, he ganado en seguridad, especialmente en la gestión de su exposición social. Aunque, como he dicho, la búsqueda de apoyo en otros ha sido muy selectiva, la recurrencia a buscar ayuda a los demás exige una cierta precaución. Me refiero, en concreto, a los beneficios que se pueden obtener en grupos de ayuda especializados, o en asociaciones de apoyo a enfermos de este tipo. Mi experiencia basada en varios meses de asistencia, ha tenido un balance muy positivo, pues aunque haya interrumpido mi continuidad, ha abierto un gran camino de esperanza para salir de mi propio túnel. Ya hace tres años que empecé asistir a las reuniones de la AVTB (Asociación Valenciana de Trastorno Bipolar), pero los pocos meses que estuve en contacto con especialistas y otros enfermos, me otorgaron herramientas indispensables para lograr una recuperación que, a día de hoy, conforma una realidad verificable. Aunque en cierto momento tomé conciencia de sus limitaciones -las de asisitir a la asociación-, agradezco eternamente las capacidades de autogestión que me ayudaron a desarrollar, convirtiéndome en un ser más autónomo y solvente. Ahora venzo diariamente a una enfermedad con una suficiencia que hubiera sido inédita años atrás.

Como conclusión personal, el tomar cierto tiempo para ayudar a los demás me ayuda a mí mismo. Ya sea desde una posición u otra, la de ayudado o la de que ayuda, no sólo me permite centrarme, sino contribuir a una armonía social, como uno de los grandes paliativos al dolor que a veces siento.

Una persona que te escucha siempre te va a ofrecer la mejor de las pastillas.

 

Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s

%d bloggers like this: