Mi última manía

14 Oct

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Con el tiempo encontraré mejor momento para explicar el resto de mis manías. Por ahora, sólo quiero esbozar las sensaciones que revivo al recordar la última.

Hace ya más de 20 días que me rompí el brazo, y tras superar la consecuente depresión de turno, experimenté una especie de “revelación”. Mis últimos meses han sido como vivir en una locomotora sin freno, un testigo gigante que ahora toca aparcar lentamente, hacia atrás. Es difícil derrumbar todos los castillos construidos con ese celo ansioso de cuando estaba entregado al placer, sin unos buenos cimientos que amortiguaran mi ambición. E insistentemente una voz me hace percatar de los excesos: ¿Qué he hecho? Y también, cuándo, dónde y porqué. Pero la respuesta que ofrece mayor aventura es el cómo. ¿Cómo ha sido posible todo esto?

Para no continuar divagando, concretaré mi situación. En mayo pasado yo me encontraba muy bien, había acumulado una serie de experiencias académicas, profesionales y sociales que había culminado con bastante “éxito”. Por entonces solía tomarme con cierta irregularidad el litio y no le estaba prestando una atención estricta al sueño. Visto en perspectiva, ahora diría que yo me encontraba a un nivel 70 de mi estado de ánimo, en el límite superior de mi margen de seguridad. Además, este bienestar se fue consolidando paulatinamente, aprovechados ya los más de 10 meses desde mi última crisis maníaca.

Sin duda, llevaba expuesto a un largo período de bonanza personal. No caí en la cuenta de que eso eran para mí condiciones inéditas, pues yo siempre había sido un enfermo (tipo II) con un perfil bajo, más propenso a la depresión que no a la manía (casi siempre estaba deprimido). El caso es que mi “felicidad” fue a más, pero hubo un claro desencadenante con el que me tropecé. Me disparó sin remedio hacia una clara hipomanía, y en cuestión de poco más de dos meses (período mayo-julio).

El desencadenante fue, ni más ni menos, una serie de encuentros sexuales con una chica desconocida, con la que quedé a través de un portal de contactos. Era bisexual, muy promiscua. Además me ofreció la posibilidad de mantener relaciones orgiásticas con más chicas, sobre todo ex parejas suyas. Me sentí muy desinhibido, hipersexual, con una libido desatada; mi confianza en mis bazas sexuales (hasta la fecha muy mermadas) mejoró mucho, y todo ello contribuyó a reforzar mi autoestima psicosocial, personal y sexual.

Con ella tuve más de 40 encuentros sexuales en apenas algo más de un mes. No demandaba ninguna atención especial fuera del sexo. Llegué incluso a realizar un trío con una de sus amigas liberales. También estuvimos a punto de realizar un intercambio de parejas. Aun así, los dos seguíamos siendo asiduos a las redes de contactos, y una vez fuimos juntos a una feria de sexo, a pesar de no ser ninguna relación especial. Era sólo sexo. Y ella adoraba el exhibicionismo, tenía la afición por el trueque de fotos y vídeos suyos y hasta nos grabamos haciéndolo.

Así es como hace pocos meses me enganché tanto al sexo. Era algo vacío, sólo orgásmico, para mí suficientemente real para creer que sería eterno. A mediados de julio lo dejamos. Curiosamente por los celos de ella. Yo me aprendí “su número”, sabía cómo conseguir citas, y empecé a quedar de manera indiscriminada con otras chicas, tal y como ella hacía. Y era un juego que se iba alimentando a sí mismo, y con grandes recompensas, pues cada vez me sentía más engrandecido, locuaz, exitoso…

Y tengo que decir que cada vez que quedaba con alguien me sentía plenamente decidido a mi objetivo: follar. Y poco me importaba su físico, sólo que éste fuera aceptable. Para los dos meses y medio ya había quedado con 6 chicas diferentes (alguna la conocí fuera del círculo de internet, pues mi confianza me daba hasta para ligar). Sumando el total habría tenido unos 70 encuentros sexuales. Me consideraba a mí mismo una especie de semidios del sexo. Además, en el resto de frentes de mi vida, me alentó a comprometerme más con mis actividades diarias, yendo más allá, adquiriendo nuevas: “el sí a todo”. Por supuesto, mi dormir se volvió loco. Y siempre tenía unas inevitables ganas de hacer ejercicio físico, de consumir mi energía. Salía a correr todos los días, incluso de madrugada.

El 7 de agosto tuve una fuerte lesión. Mi vida se paralizó y me vine abajo. Otra vez depresión, tras casi tres años.

Vuelta a empezar.

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