Los recuerdos

13 Oct

20131013-025258.jpg

Los recuerdos son como unas piedras filosas que dejamos atrás. Un rompeolas firmemente parapetado, pero perverso a cada paso mojado. Sobre todo si vas con chanclas. Nadie es capaz de olvidar su pasado, por muy leve que haya sido. El ser humano siempre deja un legado con cada huella, y cualquier acto cometido nunca es ajeno a esa contundencia. Sin embargo, las personas hacemos y olvidamos las pequeñas cosas, esa picardía que nos permite madurar. Somos animales prácticos. Pero no todos, a algunos nos falla el cerebro.

Yo nunca pude ser así: feliz como los demás, liviano, fácil de llevar. En esos años sólo sabía sufrir. Envidiaba la forma con la que el resto vivía, reía, gozaba. “¿Y por qué yo no?”, le solía preguntar a mi padre. Yo le cortaba rápidamente resaltando mis defectos. Así conseguía la razón: yo era “raro” , y vivía una lastimera agonía. Cuando te sientes como una mierda no valen muchos argumentos. En aquella época estaba deprimido y me resultaba muy fácil darme pena a mí mismo; mi autoestima por los suelos.

A los 18 ó 20 años se supone que debes gozar, como la mayoría. Yo, todo lo contrario. Mi vida era un automartirio, y las armas: mis propios recuerdos, siempre flagelando. Es más que justo observar que las experiencias vividas en una manía se recuerden como un tiempo místico de gozo, de placer, una referencia a la que adorar, y sirva para intentar maximizar la satisfacción y realización en la vida presente. Lo malo, es cuando, inconscientemente, uno empieza a sobrevalorar esas referencias como un modelo a restaurar. En ese caso, los recuerdos (entroncados con una carga emocional excesivamente eufórica), empiezan a ser nocivos en el individuo, ya que éste elige (más bien desea), “revivirlos” con las mismas pretensiones de autosatisfacción, cuando en realidad, las condiciones reales presentes no son nada propicias. Se produce un estancamiento emocional en el individuo; el ser desesperado se despeña, se desmorona, pues no puede aferrarse más a la deseada manía. “Estás cayendo en depresíon y la fiesta se acabó, así que no lo intentes más”.

También se puede hablar de recuerdos en la depresión. Sumidos en esta fase, el individuo proyecta su propio estado en la vivencia de sus propios recuerdos. En otras palabras, los recuerdos son los que ahora se alinean y subyugan al estado de ánimo. La negatividad es un filtro impuesto en esta situación, que imbuye cualquier pensamiento del enfermo, lo negativiza y lo redimensiona de tal manera que ahora sea un pensamiento con una carga negativa mayor, capaz de inflingir daño psicológico y, lo que es peor, viciar la depresión del propio enfermo. “Es decir, en la depresión, recordamos tal y como nos sentimos”.

En mi opinión, basándome en mi vivencia y humilde experiencia, saber gestionar este tipo de cuestión respecto a los recuerdos pasa por buscar un buen equilibrio entre OBJETIVIDAD y OPTIMISMO. En una próxima entrada trataré este tema.

Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s

%d bloggers like this: