La gestión del tiempo (y más)

5 Oct

La gestión y administración adecuada del tiempo es, en mi opinión, una de las misiones esenciales en la consolidación del estado eutímico del enfermo. Aunque puede sonar muy aséptico, llega un momento, (sobretodo tras una manía), en que hay que extremar las precauciones al máximo. Desde mi punto de vista, se deben tener en cuenta los siguientes aspectos:

Duerme

Racionalizar los horarios de sueño es esencial para que se pueda aumentar la media diaria de horas dormidas. Se debe consultar al psiquiatra para que recomiende la medicación más adecuada para el trastorno de sueño asociado. En general, tras el paso de la manía (o hipomanía) siempre le sucede un bajón depresivo de mayor o menor intensidad. Por eso no es aventurado pensar que las mañanas son, en realidad, las que más cuesten de sobrellevar. Es un lapso del día de gran inactividad cerebral, lentitud física y “parsimonia”. Por sí solo, es un contexto propicio para experimentar síntomas de leve depresión para cualquier persona, aunque sean sólo por unas horas. El simple hecho de echarse en el sofá nada más levantarse de la cama es, para muchos enfermos, la única manera de gestionar las mañanas. Un buen objetivo es ir poco a poco reduciendo los tiempos muertos que se pasan diariamente en este estado, aunque ello suponga armarse de infinita paciencia. Pero por encima de todo, recomiendo encarecidamente fijarse siempre la misma hora para levantarse y adelantar la hora de ir a la cama, reduciendo la intensidad de la actividad vespertina y nocturna.

Relájate

Relajar la intensidad y el ritmo de aquellos hábitos y rutinas que desarrollamos durante la manía exige un paso previo que es una reflexión consciente de cuál debería ser el nuevo estilo de vida, más “neutral”, para adecuar nuestro nuevo biorritmo al nuevo estado tras la manía, incluyendo todas las actividades que hubiéremos desarrollado (académicas, profesionales, lúdicas, deportivas, relaciones interpersonales y sexuales). Evidentemente, existen determinadas cargas, como el trabajo que pueden ser no prescindibles, pero este ejercicio se encara más hacia aquellas acciones más sustituibles, con el objetivo de poder elegir un ritmo que se adecue a nuestro nuevo escenario personal y psicológico, y sea lo menos nocivo posible. Se trata, de suavizar aquellos actos que estén estrechamente ligados con el desencadenamiento o alimentación del estado maníaco. Por ejemplo, si han sido un foco de estrés, se debería disminuir nuestra actividad deportiva o física, o bien, suprimirla durante un tiempo; si hubiéremos experimentado una manifiesta hipersexualidad en alguna fase, apartarnos de seguir manteniendo relaciones sexuales tan indiscriminadas. En definitiva, todo ello se dirige a procurarnos un estilo de vida acoplado a lo que realmente podemos dar de nosotros mismos, sin oponer una fuerte resistencia a los síntomas depresivos, pues ello podría agravar nuestro estado y seguramente llevarnos a la frustración. Estas directrices deberían aplicarse siempre temporalmente, pues una condición necesaria es ir volviéndose a activar de forma progresiva, aprovechando el tiempo para probar cuál es nuestro nivel de satisfacción más óptimo, y huir de la maximización de la satisfacción como objetivo de nuestras actividades consideradas como placenteras. Este último argumento va acorde con el error común que cometen muchos no diagnosticados, pues la ignorancia de su estado les impide evitar volver rápidamente a las manías, pues las referencias de bienestar y placer en estas fases son demasiadas tentadoras como para ser ignoradas y rápidamente repiten los mismos errrores, o bien prolongan las situaciones con un estrés severo.

Contrólate

En mi experiencia, resulta muy útil llevar registros escritos durante los períodos de la enfermedad en los que el paciente es más consciente. Un buen autocontrol, en mi opinión, es aquel en que se anotan las horas de sueño, las dosis de medicación tomadas y los niveles de depresión y manía que el enfermo es capaz de relativizar, generalmente mediante una escala cualitativa o numérica. También se puede incluir la anotación de acontecimientos relevantes que puedan impactar en el estado del sujeto. El registro puede convertirse en un buenísimo instrumento también para el médico o psiquiatra, pero por encima de todo, la mayor utilidad práctica es la de formar y mejorar en el enfermo mecanismos de autoprevención. Ésta es una prevención con un carácter proactivo, que permite diseñar un sistema de alertas con un plazo mínimo, diario, y actuar ante las contigencias que nos surjan de forma más inmediata.

Actívate

Tras un tiempo de vida higiénica, uno mismo debe saber cómo y cuándo debe “volver a estirar la cuerda”. Una metáfora para decir que una buena recuperación se consolida cuando somos capaces de esforzarnos lo suficiente para elevar nuestra actividad a unos niveles óptimos, y que afloren en una autoestima más fuerte. Hay que ir poco apoco, intentando superar las limitaciones que nos pueda poner por el camino la sintomatología depresiva. Hay que moverse, volver a activarnos en todos los frentes de nuestra vida, por mucha pereza que nos dé o por poco placenteras que sean las actividades. Aunque exista un clima de desmotivación, rendirse con el primer atisbo de desmotivación no lo considero positivo a la larga, pues demora alcanzar nuestros objetivos. Se trata de una “guerra contra nuestro cerebro” y contra los síntomas declarados por la propia depresión.

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